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50 Razones para Oponerse a la Fluoración del Agua (I)

Introducción

La fluoración es la práctica de agregar compuestos de fluoruros a los suministros de agua potable, con el sabido propósito de combatir la caries dental.

Los niveles implementados se encuentran en un intervalo que va desde 0,6 a 1,2 miligramos de iones de fluoruro por litro (o partes por millón, ppm). 

En Estados Unidos esta práctica comenzó en 1945 y fue oficialmente promocionada por su Servicio de Salud Pública (Public Health Service o PHS), en 1950.

Muy pocas naciones han llegado a instaurar esta práctica en un nivel significativo. Sólo ocho naciones del mundo tienen más de un 50% del agua potable de su país artificialmente fluorada, estos son: Australia, Colombia, Irlanda, Israel, Malasia, Nueva Zelandia, Singapur, y Estados Unidos.

En Europa, sólo Irlanda (con un 73% de su población fluorada), el Reino Unido (10%) y España (10%) agregan fluoruro a sus suministros de agua.



En Estados Unidos, cerca de un 70% de la población ingiere agua fluorada; eso es aproximadamente 200 millones de personas y casi la mitad de toda la gente que toma agua intencionalmente fluorada en el mundo. Algunos países tienen altos niveles de flúor en el agua de manera natural.

 Entre ellos están India, China y algunas naciones en África. En estos lugares, se realizan medidas de extracción del flúor del agua potable debido a las consecuencias negativas que éste puede llegar a causar en el organismo humano.
La fluoración es una mala práctica medicinal

1. El fluoruro es el único químico agregado al agua potable que es utilizado para tratamientos médicos. En Estados Unidos, la Agencia de Drogas y Alimentos (o FDA por sus siglas en inglés) clasifica el fluoruro como un fármaco cuando es utilizado para mitigar o prevenir enfermedades (FDA 2000). Como un hecho de lógica básica, el agregar fluoruro al agua para prevenir la caries (una enfermedad que no es de origen hídrica) se considera tratamiento médico. Todos los otros químicos relacionados con el tratamiento de agua son agregados para mejorar la calidad o la sanidad del agua, lo cual el fluoruro no hace.

2. La fluoración es antiética. El “consentimiento informado” es un estándar para todo tipo de medicación y es una de las razones claves por la cual la mayor parte de Europa Occidental ha legislado en contra de la fluoración. Con la fluoración del agua potable estamos permitiendo que gobiernos le hagan a comunidades completas (obligar a que la gente tome medicación sin importar su consentimiento), lo que los doctores no pueden hacer con pacientes individuales.

Incluso cuando los plebiscitos se han aplicado a las políticas de gobierno, no se toca el asunto de los derechos individuales versus la norma de las mayorías. Para decirlo de otra manera: ¿Tiene un elector el derecho de decidir que un vecino tome un medicamento, incluso si es contra la voluntad del vecino?

3. La dosis no puede ser controlada. Al introducir el fluoruro en el agua potable, es imposible regular la dosis que ingiere cada individuo, ya que cada uno consume diferentes cantidades de agua. La habilidad de controlar la dosis del paciente es primordial. Algunas personas (ej., trabajadores, atletas, diabéticos, y individuos con enfermedades del riñón) toman mucho más agua que otras.

4. El flúor es para todos, sin importar edad, estado de salud o vulnerabilidad. Como explica el Dr. Arvid Carlsson, ganador del Premio Nobel en medicina y fisiología en el año 2000, y además uno de los científicos que luchó en contra de la fluoración en Suecia: “La fluoración del agua potable contradice los principios básicos de la farmacoterapia, la cual está progresando de una medicación estereotipada – del tipo una tableta tres veces al día – a un tratamiento mucho más individualizado, que considera tanto la posología como la selección de los medicamentos. La integración de medicamentos al agua potable representa justamente lo contrario de una terapia individualizada” (Carlsson 1978).

5. En la actualidad, las personas consumen flúor de fuentes muy diversas, además del agua potable. El agua fluorada no es la única manera en que las personaa están expuestas al fluoruro. Entre las otras fuentes de flúor están las comidas y bebidas procesadas con agua fluorada (Kiritsy 1996; Heilman 1999), productos dentales fluorados (Bentley 1999, Levy 1999), carne mecánicamente deshuesada (Fein 2001), el té (Levy, 1999) y residuos de pesticidas en alimentos (ej., criolita) (Stannard 1991; Burgstahler 1997). Es ampliamente reconocido que la exposición al fluoruro de fuentes no provenientes del agua ha aumentado desde que comenzó el programa de fluoración en Estados Unidos (NRC 2006).

6. El flúor no es un nutriente esencial (Consejo Nacional de Investigación [NRC] 1993; Instituto de Medicina [IOM] 1997, NRC 2006). Jamás se ha vinculado una enfermedad a la deficiencia de fluoruro. Jamás se ha logrado demostrar que se requiere fluoruro para mantener una dentadura libre de caries. No hay ninguna función vital que haya demostrado requerir consumo de flúor. Por el contrario, hay extensa evidencia de que el fluoruro puede interferir con numerosas funciones vitales. El fluoruro interfiere con numerosas enzimas (Waldbott 1978).

 En combinación con el aluminio, el fluoruro interfiere con las proteínas G (Bigay 1985, 1987). Este tipo de interacción otorga, a complejos proteicos de fluoruro y aluminio, el potencial de interferir con índices de crecimiento, hormonas, y neurotransmisores (Strunecka & Patocka 1999; Li 2003). Más y más estudios están mostrando que el flúor puede interferir significativamente con la bioquímica del organismo (Barbier 2010).

7. Los niveles de fluoruro en la leche materna son muy bajos. Tomando en consideración el punto anterior, tal vez no sea sorprendente que el nivel de fluoruro en la leche materna sea considerablemente bajo (0.04 ppm, NRC 2006).

Esto significa que un bebé alimentado con biberón que consume agua fluorada (0.6-1.2 ppm) puede llegar a consumir hasta 300 veces más flúor que un bebe amamantado. No hay beneficios (ver razones #11-19), solo riesgos (ver razones #21-36), como para que bebés ingieran estos altos niveles de fluoruro a una temprana edad (una etapa donde la susceptibilidad a toxinas medioambientales es particularmente alta).

8. El flúor se acumula en el organismo. Los adultos saludables excretan por los riñones cerca del 50% al 60% del flúor que consumen diariamente (Marier & Rose 1971). El resto se acumula en el organismo, principalmente en tejidos calcificados como los huesos, y la glándula pineal (Luke 1997, 2001). Bebés y niños excretan menos fluoruro mediante sus riñones y retienen un 80% del fluoruro ingerido en sus huesos (Ekstrand 1994). La concentración de flúor en los huesos aumenta continuamente durante el curso de la vida (NRC 2006).

9. En los países con fluoración no existen agencias de salud monitoreando la exposición o los efectos colaterales del flúor. No hay un registro continuo de niveles de fluoruro en; orina, sangre, huesos, cabello, o uñas de la población, y tampoco de grupos delicados en particular (ej., individuos con enfermedad renal).

10. Nunca se ha realizado una prueba clínica aleatoria para demostrar la efectividad o seguridad del flúor. A pesar de que el fluoruro ha sido aplicado a suministros de agua potable por sobre 60 años, “no se han realizado pruebas aleatorias de agua fluorada” (Cheng 2007). Los estudios aleatorios son el método estándar para determinar la seguridad y efectividad de cualquier tratamiento médico potencialmente beneficioso. En el 2000, la Revista York del Gobierno Británico, no le pudo otorgar la clasificación de grado “A” a ningún ensayo de fluoración, tras 50 años de investigaciones (Mcdaonagh 2000). La Agencia de Drogas y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés) estadounidense continua clasificando el flúor como una “droga nueva sin aprobar”.

Digerir flúor presenta pocos o ningún beneficio
11. Los beneficios provienen de la aplicación tópica, no sistémica. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC. 1999, 2001) ha reconocido que el mecanismo de beneficios del flúor es principalmente tópico y no sistémico. Por ende, no existe ninguna necesidad de digerir el fluoruro para proteger a la dentadura.

Ya que los supuestos beneficios son a causa de la aplicación tópica y los riesgos provienen del consumo sistémico, sería mucho más razonable aplicar el fluoruro mediante la pasta dental. Además, ya que digerir fluoruro es innecesario y potencialmente peligroso, no hay justificación para forzar a que la gente (en contra de su voluntad) ingiera flúor a través del suministro de agua potable.

12. La fluoración es innecesaria. La mayoría de las naciones occidentales industrializadas han rechazado la fluoración, pero sin embargo han demostrado las mismas bajas en los índices de caries dentales que países con fluoración. (Ver datos de Organización Mundial de la Salud presentada gráficamente en la figura 1).


13. El rol de la fluoración en la disminución de caries está bajo intensa crítica. La encuesta más grande que se ha realizado en Estados Unidos (sobre 39.000 niños de 84 comunidades) por el Instituto Nacional de Investigación Dental (NDIR por sus siglas en inglés) demostró una diferencia leve en la incidencia de caries entre niños en comunidades fluoradas y no fluoradas. (Hileman 1989).



Según investigadores del instituto, el estudio halló una diferencia promedio de sólo 0,6 en los índices de superficies dentales cariadas, faltantes o arregladas (o DMFS por sus siglas en ingles) en la dentadura definitiva de niños entre la edad de 5 a 17, que habían habitado en un área fluorada o en un área no fluorada toda su vida (Brunelle & Carlos, 1990).

La diferencia es menos de una superficie dental, y menos de 1% de las más de 100 superficies dentales que se encuentran dentro de la boca de un niño. Incluso, encuestas importantes en tres estados australianos han encontrado menores beneficios, indicando disminución de niveles de caries ubicados entre 0 y 0,3% de una superficie de dentadura definitiva (Spencer 1996).

Ninguno de estos estudios ha tomado en cuenta la posibilidad de un retraso en la erupción dentaria a causa del flúor, de la cual sí existe evidencia (Komarek 2005). Un retraso de un año en la erupción de los dientes permanentes podría anular el leve beneficio que se ha registrado en los estudios recientes.

14. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Investigación Dental (NIH) sobre la ingestión de fluoruro individual y caries no logró demostrar una correlación significativa. Un estudio multimillonario del Instituto Nacional de Investigación Dental estadounidense (Warren 2009) no encontró relación entre la caries dental y la cantidad de fluoruro ingerido por niños. Esta es la primera vez que se ha investigado las caries dentales como una función de exposición individual en vez que desde la mera residencia en una comunidad fluorada.

15. Los índices de caries dentales son altos en comunidades de bajos recursos, las cuales han sido fluoradas por años. A pesar de declaraciones que afirman lo contrario, la fluoración del agua potable no ha logrado prevenir la crisis en la salud bucal que resulta de la pobreza extrema, nutrición inadecuada y la falta de acceso a atención dental.

Hay numerosos informes sobre la severa crisis dental en barrios de bajos recursos en ciudades estadounidenses que han sido fluoradas por más de 20 años (Ej., Boston, Cincinnati, la ciudad de Nueva York, y Pittsburgh). Además, reiteradamente, la fluoración ha mostrado ser inefectiva en cuanto a la prevención de los problemas de salud oral más preocupantes que amenazan a niños pobres, primordialmente las “caries de biberón”, también conocidas como caries de infancia temprana (Barnes 1992; Shiboski 2003).

16. Los índices de caries no se incrementan al detener la fluoración. Tras la descontinuación de la fluoración en comunidades como Canadá, la ex Alemania Oriental, Cuba y Finlandia, los índices de caries dentales no han aumentado, más bien, por lo general, han continuado disminuyendo. (Maupomé 2001; Kunzel & Fischer, 1997, 2000; Kunzel 2000; Seppa 2000).

17. Los índices de caries dentales ya estaban disminuyendo antes de que se implementara la fluoración. Investigaciones recientes (ej., Diesendorf 1986; Colquhuon 1997) muestran que las cifras de caries estaban disminuyendo antes de que la fluoración hubiese sido implementada en Australia y Nueva Zelandia, y además muestran que los índices han seguido disminuyendo, sobrepasando las expectativas de beneficios (Ver figura 2). Muchos otros factores influyen en las caries dentales.


Figura 2. Número de dientes cariados en niños de 5 años en Nueva Zelandia desde el año 1930 hasta 1990.
18. Los estudios que impulsaron la implementación de la fluoración estaban metodológicamente viciados. Los ensayos iniciales que ayudaron a impulsar la implementación de la fluoración realizados entre 1945 y 1955 en Norte América, han sido duramente criticados debido a su pobre metodología y pobre elección de comunidades de control (De Stefano 1954; Sutton 1959, 1960, 1996; Ziegelbecker 1970).

Según el Dr. Hubert Arnold, un estadístico de la Universidad de California en Davis, los ensayos iniciales “están especialmente plagados de falacias, diseño inadecuado, uso inválido de métodos estadísticos, omisiones de evidencia contradictoria, y repletos de simple torpeza y necedad.” También se ha cuestionado severamente el famoso estudio de 21 ciudades de Trendley Dean (El padre de la fluoración) del año 1942 (Ziegelbecker 1981).

Los niños están siendo sobre-expuestos al fluoruro
19. Los niños están siendo sobre-expuestos al fluoruro. El programa de fluoración ha fallado ampliamente en cumplir con uno de sus objetivos clave, lograr reducir los índices de caries dentales y a la vez lograr disminuir la ocurrencia de la fluorosis dental (una decoloración del esmalte dentario causado por ingestión excesiva del flúor.)

La meta de los primeros proponentes de la fluoración del agua potable era limitar la fluorosis dental (en su faceta leve) a un 10% de los niños (NRC 1993, pg 6-7). Sin embargo, en el 2010, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) informó que un 41% de todos los adolescentes estadounidenses padecían de fluorosis dental; de eso, un 8.6% tenía fluorosis regular y un 3.6% tenía fluorosis severa o moderada (Beltra-Aguilar 2010). Ya que la cifra de 41% de prevalencia es un promedio nacional e incluye a niños que viven en áreas fluoradas y no fluoradas, la tasa de fluorosis obviamente será mucho más alta en áreas fluoradas.

El estudio comisionado por el gobierno británico llamado York Review, estimó que, a nivel mundial, un 48% de los niños en áreas fluoradas padecían de fluorosis dental en cualquiera de sus etapas, con 12,5% padeciendo de una fluorosis con problemas de estética (McDonagh, 2000).

20. Los bebés alimentados con biberón están recibiendo las dosis de fluoruro más altas. Debido a su necesidad de consumir alimentos mediante la forma líquida, los bebés alimentados con fórmula tienen la exposición más alta, por peso, de la población.

Debido a que se ha encontrado que la exposición a fluoruro a temprana edad es uno de los factores de riesgo para la aparición de la fluorosis dental en el transcurso de la vida (Marshall 2004; Hong 2006; Levy 2010), numerosos investigadores dentales han recomendado a los padres de recién nacidos, no usar agua fluorada en la preparación de la fórmula (Ekstrand 1996; Pendrys 1998; Fomon 2000; Brothwell 2003; Marshall 2004).

 Incluso la Asociación Dental Americana, la institución más ferviente en proponer la fluoración, el 6 de noviembre de 2006, envió un alerta por correo electrónico, haciendo un llamado a sus miembros a que advirtieran a los padres que la fórmula de bebes debía ser elaborada con “poca o sin agua fluorada”. Desafortunadamente, la Asociación ha hecho muy pocos esfuerzos en cuanto a difundir esta información a los padres. Como resultado, muchos padres siguen sin realmente saber el peligro de la exposición al agua fluorada a temprana edad.

Evidencia de daño a otros tejidos
21. La fluorosis dental puede indicar la presencia de daño sistémico mucho más extenso. Se han sugerido muchos mecanismos bioquímicos posibles que estarían a la base del desarrollo de la fluorosis dental y que son difíciles de comprender para un lector no especializado (Matsuo 1998; Den Besten 1999; Sharma 2008; Duan 2011). Aunque los defensores de la fluoración se contentan minimizando la fluorosis dental (en su etapa más ligera) como si fuese una mera complicación cosmética, resulta apresurado asumir que el flúor no está impactando otros tejidos en desarrollo, cuando está claramente dañando los dientes por algún tipo de mecanismo bioquímico (Groth 1973; Colquhon 1997).

Más allá de que la ingesta del flúor puede causar la fluorosis dental durante el período anterior al de la erupción de los dientes permanentes (6-8 anos), otros tejidos están potencialmente susceptibles a daño en el curso de toda la vida. Por ejemplo, en áreas de altos niveles naturales de flúor el primer indicador de daño en niños es la fluorosis dental. En estas mismas comunidades, mucha gente mayor desarrolla fluorosis esquelética.

22. El flúor podría llegar a dañar el cerebro. Según el Consejo Nacional de Investigaciones de Estados Unidos (NRC por sus siglas en inglés, 2006), “es evidente que los fluoruros tienen la habilidad de interferir con las funciones del cerebro.” En una revisión de los hallazgos comisionada por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA por sus siglas en inglés), se ha agregado el flúor a un listado de los 100 químicos de los cuales existe “evidencia sustancial de un desarrollo de neurotoxicidad.” Experimentos en animales han mostrado que el fluoruro se acumula en el cerebro y altera el estado mental de una manera que asemeja a la de agentes neurotóxicos (Mullenix 1995).

En total, en la actualidad, existen más de 100 estudios con animales que muestran que el fluoruro puede dañar el cerebro y tener consecuencias en el aprendizaje y comportamiento. Según los defensores de la fluoración, estos estudios son poco relevantes debido a las altas dosis utilizadas. Sin embargo, es importante destacar que en ratas, el fluoruro se demora entre 5 y 20 veces más en alcanzar los mismos niveles plasmáticos que se alcanzan en los humanos. (Sawan 2010). De hecho, hay un estudio animal que encontró efectos con dosis extraordinariamente bajas (Varner 1998).

 En este estudio, las ratas fueron alimentadas con 1 ppm de fluoruro en su agua a lo largo de un año (La misma cantidad aplicada en programas de fluoración), utilizando o fluoruro sódico o monofluoruro de aluminio; obtuvieron cambios morfológicos en los riñones y el cerebro, un aumento en la concentración de aluminio en el cerebro y la formación de depósitos de Beta-amiloide, los cuales están asociados a la Enfermedad de Alzhéimer. Otros estudios en animales han encontrado efectos en el cerebro con bajos niveles de flúor, de 5 ppm en el agua (Liu 2010). (Para un listado completo de estos estudios).

23. El flúor puede reducir el coeficiente intelectual. Hasta ahora existen 24 estudios provenientes de China, Irán, India y México que han reportado una asociación entre la exposición al fluoruro y la reducción del coeficiente intelectual. Uno de estos estudios (Lin Fa-Fu 1991) indica que sólo niveles moderados de exposición al fluoruro (Ej., 0,9 ppm en el agua) pueden exacerbar los defectos neurológicos de la deficiencia de yodo.

No habiendo deficiencia de yodo, otro equipo de investigación (Xiang 2003 a,b) estimó que el fluoruro podría reducir el coeficiente intelectual a 1,9 ppm, mientras que un reciente estudio preliminar, (Ding 2011) encontró una reducción en el CI, en niños que tomaban agua con niveles entre 0,3 y 3 ppm. Los autores de este último estudio reportaron que por cada incremento de 1 ppm de fluoruro en la orina se observaba una reducción de 0,59 puntos de CI. Ninguno de estos estudios indicó un margen de seguridad adecuado para proteger de este efecto a todos los niños que toman agua artificialmente fluorada.

Al referirse al respecto el Consejo Nacional de Investigaciones de Estados Unidos (2006) señalo que, “la consistencia de los resultados (en los estudios de fluoruro / CI) parece ser lo suficientemente significativa como para continuar con investigaciones adicionales con respecto a los efectos del fluoruro en la inteligencia”. A excepción de un estudio pequeño sobre coeficiente intelectual al principio de la fluoración en Nueva Zelandia (Shannon et al., 1986) ningún país fluorado ha investigado el tema por sí mismo.

24. El flúor podría causar efectos neurotóxicos no relacionados con el CI. La disminución del CI no es el único efecto neurotóxico que puede resultar de la exposición al fluoruro. Al menos tres estudios en humanos han mostrado una asociación entre la exposición al fluoruro y deficiencia en la organización viso-espacial (Calderon 2000; Li 2004; Rocha-Amador 2009); Mientras que otros tres estudios, han encontrado una asociación entre la exposición prenatal al fluoruro y daño cerebral fetal (Han 1989; Du 1992; Yu 1996).

25. El flúor afecta la glándula pineal. Estudios de Jennifer Luke (2001) muestran que el flúor se acumula en la glándula pineal humana a niveles muy altos. Además, en su tesis de doctorado, Luke ha mostrado con animales, que el flúor disminuye la producción de melatonina y que lleva a un comienzo de pubertad más temprano (Luke 1997). Consistente con los hallazgos de Luke uno de los primeros ensayos de fluoración en Estados Unidos (Schlesinger 1956) mostró que en promedio las niñas en una comunidad fluorada alcanzaban la menstruación unos 5 meses antes que las niñas en comunidades no-fluoradas. Inexplicadamente, ningún país fluorado ha intentado duplicar los hallazgos de Luke o de Schlesinger, ni siquiera se ha intentado examinar el tema más a fondo.

26. El flúor afecta la función de la tiroides. Según el Consejo Nacional de Investigaciones de Estados Unidos (2006), “Numerosas cifras indican un efecto en la función tiroidea por la exposición al fluoruro.” En Ucrania, Bachinskii (1985), encontró una disminución de función en la tiroides entre personas saludables, a un nivel de 2,3 ppm en el agua. A mediados del siglo XX, el fluoruro fue prescrito por numerosos doctores europeos con el propósito de reducir la actividad de la glándula tiroides en pacientes que padecían de hipertiroidismo (tiroides hiperactivo) (Stecher 1960; Waldbot 1978).

Según un ensayo clínico realizado por Galletti y Joyet (1958), la función de la tiroides en pacientes con hipertiroidismo se redujo efectivamente con solo 2,3 a 4,5 mg. del ion fluoruro por día. Para lograr tener una perspectiva más clara sobre este hallazgo considere lo siguiente, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (DHHS por sus siglas en inglés, 1991) ha estimado que la exposición de fluoruro total en comunidades fluoradas está entre 1,6 a 6,6 mg. por día.



Esto es un hecho formidable, particularmente considerando la prevalencia y lo drástico que es el problema del hipotiroidismo (tiroides menos activa) en Estados Unidos y en otras naciones fluoradas. Síntomas de hipotiroidismo incluyen depresión, fatiga, aumento de peso, dolores musculares y de huesos, aumento en niveles de colesterol y enfermedades cardiacas. En el 2010, la segunda droga mas prescrita del año fue Synthroid (levotiroxina sódica) la cual es una droga que reemplaza hormonas usada para tratar una tiroides menos activa.

27. El flúor causa síntomas artríticos. Algunos de los síntomas del comienzo de la fluorosis esquelética (una enfermedad a los huesos y a las articulaciones que afecta a millones de personas en India, China y África), se asemejan a los síntomas de la artritis (Singh 1963; Franke 1975; Teotia 1976; Carnow 1981; Czerwinski 1988; DHHS 1991). Según un informe sobre la fluoración publicado en la revista Chemical & Engineering News, “Debido a que algunos de los síntomas clínicos se asemejan a la artritis, las primeras dos fases clínicas de la fluorosis esquelética, podrían ser fácilmente mal diagnosticadas” (Hileman 1988).

Pocos, quizás ningún estudio se ha realizado para determinar el alcance de estos diagnósticos erróneos y si la alta prevalencia de artritis en Estados Unidos (1 de cada 3 estadounidenses padece de algún tipo de artritis – CDC, 2002) y otros países fluorados está relacionada a la creciente exposición al fluoruro, lo cual es muy plausible. Incluso cuando individuos en Estados Unidos padecen de avanzados tipos de fluorosis esquelética (debido a un alto consumo de té), han pasado años de diagnosis erróneas hasta que por fin los médicos han diagnosticado correctamente la condición como fluorosis.

28. El flúor daña los huesos. Uno de los primeros estudios de fluoración (Newburgh-Kingston 1945-55) encontró el doble de defectos en el hueso cortical en niños de una comunidad fluorada (Schlesinger 1956). El hueso cortical es el tejido externo del hueso, que es vital en la protección en contra de fracturas.

Mientras que no se le tomó importancia en ese momento a este hallazgo con respeto a las fracturas de huesos, sí surgieron interrogantes en cuanto a un posible vínculo con el osteosarcoma (Caffey 1995; NAS, 1977). En el 2001, Alarcon-Herrera y sus colegas de trabajo, reportaron una correlación directa entre la severidad de la fluorosis dental y la frecuencia de fracturas de huesos tanto en niños como en adultos en un área excesivamente fluorada de México.

29. El flúor puede incrementar fracturas de caderas en personas de tercera edad. Cuando altas dosis de fluoruro (en promedio 26 mg. por día) se utilizaron en ensayos para tratar a pacientes con osteoporosis buscando endurecer los huesos y de reducir la tasa de fracturas, en realidad resultó un mayor número de fracturas, y particularmente fracturas de la cadera (Inkovaara 1975; Gerster 1983; Dambacher 1986; O’Duffy 1986; Hedlund 1989; Bayley 1990; Gutteridge 1990. 2002; Orcel 1990; Riggs 1990 and Schnitzler 1990).

Las fracturas de cadera son un problema muy serio en la vejez, muchas veces resultando en una pérdida de independencia o en una vida más corta. Se han publicado más de una docena de estudios desde 1990 que han investigado una posible relación entre fracturas de caderas y la ingestión a largo plazo de agua artificialmente fluorada o agua con altos niveles de flúor natural.

Los resultados han sido mixtos, algunos han encontrado asociación y otros no lo han hecho. Incluso, algunos han afirmado un efecto preventivo. Un estudio de gran importancia en China, el cual examinó fracturas de caderas en seis pueblos, encontró algo que pareciera ser un aumento en la fracturas de caderas relacionado con la dosis, al aumentar la concentración de fluoruro desde 1 ppm hasta 8 ppm (Li 2001) dejando mucho que desear para aquellos individuos que toman agua fluorada en exceso.

Consecuentemente, en el único estudio epidemiológico en humanos que calculó la fortaleza de los huesos en cuanto a la concentración de fluoruro, investigadores de la Universidad de Toronto encontraron que (al igual que en estudios en animales) la fortaleza de los huesos disminuyó con el incremento en la concentración de fluoruro (Chachra 2010). Finalmente, un estudio reciente de Iowa (Levy 2009), publicó datos sugiriendo que la exposición incluso a un bajo nivel de fluoruro puede tener un efecto perjudicial en la densidad del hueso cortical en niñas (un efecto que ha sido reiteradamente ilustrado en ensayos clínicos y el cual ha sido expuesto como un mecanismo vital por el cual el fluoruro podría incrementar las tasas de fracturas de huesos).

30. Personas con insuficiencia renal están particularmente vulnerables a daños de huesos. Debido a su inhabilidad de excretar fluoruro eficientemente, las personas con enfermedad renal están propensas a acumular altos niveles de fluoruro en sus huesos y sangre. Como resultado de esta alta carga de fluoruro en el cuerpo, pacientes con enfermedades renales están en alto riesgo de desarrollar fluorosis esquelética.

En uno de los pocos estudios estadounidenses que investigó el asunto, se documentó fluorosis aguda o invalidante en pacientes con enfermedades renales severas que tomaban agua fluorada con solo 1,7 ppm (Johnson 1979). Dado que se ha detectado la existencia de fluorosis esquelética severa en pacientes de enfermedades renales en pequeños estudios de caso, es muy probable que estudios sistemáticos pudieran detectar la ocurrencia de fluorosis esquelética a niveles de fluoruro aun más bajos.

31. El fluoruro puede causar cáncer a los huesos (osteosarcoma). Un estudio en animales, patrocinado por el gobierno estadounidense, encontró un aumento de cáncer de huesos (osteosarcoma), dependiente de la dosis, en ratas macho alimentadas con flúor (NTP 1990). Tras la publicación de los resultados de este estudio, el Instituto Nacional de Cáncer (NCI por sus siglas en ingles) realizó un informe sobre los datos nacionales de cáncer en Estados Unidos y encontró tasas considerablemente más altas de osteosarcoma (cáncer de los huesos) entre varones jóvenes de áreas fluoradas versus áreas no fluoradas (Hoover er al 1991a). Si bien el Instituto Nacional de Cáncer concluyó (estimando que existía una falta de estadísticas contundentes) que la fluoración no era la causa (Hoover et al 1991b), nunca se ofreció una explicación acerca de la tasa más alta en las áreas fluoradas. Un estudio más pequeño de Nueva Jersey (Cohn 1992) encontró tasas de osteosarcoma hasta seis veces más altas entre varones que residían en áreas fluoradas versus áreas no fluoradas.

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