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Cómo controlar las Nauseas

Resultado de imagen de NauseasLa náusea es lo peor que te pudiera suceder. 

No te sientes nada bien, no escuchas bien, sientes el cuerpo tembloroso y el olor a comida es muy desagradable. 

Hay muchísimos remedios para poder seguir con tu día, tanto si tienes náusea leve como severa. Aquí hay algunas maneras de superar las molestias estomacales, desde los alimentos hasta la acupresión; con estos remedios podrás volver a recuperar tus fuerzas rápidamente.

Pasos

Método 1: Curas comunes

1 Encuentra el causante de la náusea. Si tienes episodios de náusea, lleva un diario por un par de semanas y ve si puedes encontrar factores comunes.

La náusea puede ser un efecto secundario de ciertas alergias a alimentos. Cuando sientas náuseas, piensa qué fue lo que comiste hace 8 o 12 horas.

Intolerancia a la lactosa. Si eres de esas personas que no pueden digerir lácteos o sienten náusea después de consumirlos, puede ser que seas intolerante a la lactosa. Sin embargo, no es el fin del mundo; hay medicamentos que te ayudarán a digerir la lactosa si los tomas antes de cada comida, así como leches y productos lácteos especiales sin lactosa.





Desafortunadamente, la leche de cabra también contiene lactosa, así que no es un buen sustituto..

Malestar con el movimiento. Algunas personas sienten náusea al subirse a aviones o al viajar en carro. Esto puede prevenirse con medicamentos comunes. El dramamine funciona muy bien y es económico.

Si la causa de la náusea es el consumo excesivo de alcohol (en otras palabras, si tienes resaca), el Alka-Seltzer funciona muy bien por las mañanas. También asegúrate de beber mucha agua para recuperar fluidos. Si esta es la causa frecuente de la náusea y es difícil quitarte este hábito, deberías buscar ayuda médica pues puede ser que seas adicto al alcohol.

2 Usa acupresión. Puedes hacer esto presionando tu pulgar sobre tu muñeca por 30 segundos. Tu dedo índice y mediano deben estar en la parte alta de tu muñeca.

3 Dale a tu cuerpo lo que necesita. Si te sientes mareado (comúnmente parte de la náusea), procura no moverte demasiado, aún cuando tu estómago tenga sobresaltos; hazlo a menos que realmente sientas ganas de vomitar.

Lo más importante es mantener tu cabeza quieta.

Evita sentarte en baños caliente y evita los olores repulsivos, aunque en realidad cuando tienes náusea, cualquier olor puede parecer repulsivo.

Toma un poco de aire. Deja que el aire de un ventilador te de directamente en el rostro o en tu cuerpo; esto reducirá la náusea y te hará sentirte bien.

Recuéstate boca abajo sobre un piso frío. Esto puede ser muy relajante.

4 Da un paseo alrededor de la cuadra y toma un poco de aire fresco. Algunas veces, el sólo dar un paseo y tomar aire ayudará a que tu cuerpo se sienta mejor. Entre más pronto lo hagas después de que sientas la náusea, será más fácil superarlo.

5 Duerme o toma una siesta. Puede ser que te sientas mejor o peor cuando te despiertes, pero es mejor que estar sufriendo.

Procura acostarte con una almohada entre las piernas y sosteniéndola contra tu estómago; aplica un poco de presión y procura irte a dormir; después de haberte despertado habrá pasado la náusea.

6 Inhala profundamente. Cuando sientas un ligero malestar en el estómago, inhala profundamente para crear un patrón de ritmo diferente en el estómago.

7 Toma un baño y relájate. Se sabe que la ansiedad empeora la náusea. Si te obsesionas con tus malestares puede ser que te sientas peor. Estimula tu mente.

8 Busca alivio usando medicamentos que no requieran prescripción médica. Algunos medicamento comunes como el Pepto-Bismol y Melox pueden calmar la náusea estomacal. 

Los doctores están de acuerdo en que todo depende de la causa de la náusea, sin embargo, un estómago irritado puede sentirse mejor después de un par de cucharadas. 

Los medicamentos que alivian el malestar por movimiento como el Dramamine, también pueden ser de gran ayuda.

Algunos medicamentos pueden causar náusea como un efecto secundario. Habla con tu doctor.

9Haz algo divertido. Olvídate de la náusea. Ve una película o platica con alguien. Intenta jugar un videojuego, escuchar música, etc. Algunas veces la náusea sólo está en la mente.

10 Huele un poco de alcohol. Aplica una pequeña cantidad en una torunda de algodón o almohadilla para maquillaje y sostenla bajo tu nariz.





Método 2: Alimentos que curan la náusea

1 Consume comidas y botanas regularmente. Puede ser que pienses que es lo último que quieres hacer pero es lo primero que debes hacer. El hambre o el saltarte una comida puede hacer que te sientas mal.

2 Come galletas saladas.

 "Por lo general, cuando las personas tienen un poco de náusea, se sentirán mejor si comen algo muy sencillo" dice el Dr.Robert M. Stern, profesor de psicología en la Universidad del Estado de Pensilvania State quien también es investigador de los malestares por movimiento y la náusea para la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio. 

"Recomiendo alimentos bajos en grasa, tales como las galletas saladas".

No debes sobrepasarte. Una pocas galletas saladas aliviarán la náusea, pero demasiada ingesta de cualquier alimento puede hacerte sentir aún peor.

3 Consume alimentos ricos en fibra. Estos alimentos quitan los químicos de tu sistema que inducen la náusea. 

Come una manzana o un botana de verduras crudas.

4 Consume cacahuates como botana. Las nueces y otros alimentos ricos en proteínas recargan la energía gastada y mantienen la náusea a raya.

5 Come un plátano. Los plátanos contienen potasio que se pierde durante los síntomas de la náusea.

6 Come un poco de puré de manzana. No comas más de una cucharada a la vez hasta que la náusea se haya ido.

7 Haz la dieta de BRAT. 

BRAT es un acrónimo nemotécnico por los ingredientes de esta dieta (en inglés): plátanos, arroz, puré de manzana y pan tostado. Puede ser que no cure la náusea, pero puede acortar la duración de los síntomas. No dures mucho con esta dieta porque le falta contenido nutricional.

Método 3: Bebidas que curan la náusea

1Bebe un cóctel de Melox. "Pon unas pocas gotas de bebida espirituosa de menta en una botella de Melox y mezcla con un litro de agua destilada", dice la Dra. Christa Farnon, directora asociada de los Servicio Médicos Ocupacionales de SmithKline Beecham, una compañía farmacéutica en Prusia, Pensilvania. 

Toma unos pocos sorbos de esto para aliviar el malestar estomacal y usa el resto después, según lo necesites.

2 Bebe un poco de té de menta. La menta detiene los espasmos en el estómago que inducen el vómito.

3 Bebe Giner Ale, una bebida no alcohólica de jengibre. Este ha sido un remedio popular para asentar el estómago.

4 Toma bebidas deportivas o isotónicas. Estas contienen electrolitos de potasio y sodio que se pierden en los episodios de náusea.

5 Evita los productos a base de leche. "La leche y los productos lácteos son más difíciles de digerir que otros alimentos" dice el Dr. Farnon”. Estos contienen proteínas y grasas y crean mucosa. Esto significa que son más severos para el estómago".

6 Bebe refrescos sin más ingredientes. "Sólo abre el refresco y bébelo sin nada más", dice el Dr. Grant. Él recomienda el Ginger Ale, pero otras bebidas similares pueden funcionar.

 El Dr. Farnon sugiere el jarabe sencillo de Coca-Cola, que está disponible en la mayoría de las farmacias; prepáralo con hielo raspado y tómalo cuando sientas náusea.

 Las bebidas carbonatadas, por otro lado, contienen ácidos que agitan tu estómago.




7 Bebe agua con bicarbonato de sodio. Mezcla la mitad de una cuchara de bicarbonato de sodio con un vaso de agua y bébelo. Sabe mal pero te da un alivio rápido.

Consejos

A veces puedes sentirte relajado si te pones una toalla fría en la frente.

Procura no estresarte por sentirte mal, la ansiedad empeora la náusea.

Levántate lentamente. No realices cualquier actividad. Descansa o siéntate hasta que te sientas mejor. La actividad empeora la náusea.

Inhala profundamente y rocía agua de fría a normal en tu cara.

Consume pequeñas comidas durante el día o come botanas para que no sientas malestar en el estómago. Evita comer demasiado y deja de hacerlo cuando te sientas lleno.

Evita la comida condimentada y los alimentos grasosos. No bebas nada con cafeína. Estos productos pueden hacer que te sientas mal después.

Evita el alcohol y el cigarro.

A veces, el rascarte la espalda puede ayudarte a relajarte y despejar tu mente de la náusea.

Si tu náusea es el resultado de la quimioterapia u otra condición médica, puedes usar marihuana médica legalmente en algunas partes del mundo. Presta mucha atención a las leyes de tu región. Si te arrestan, puedes sentirte más mal.





Sostén tu cuerpo en ambas rodillas y descansa tu frente en una almohada.

No te relajes, sientes ni recuestes en un baño caliente, esto empeorará las cosas; recuéstate o siéntate en un cuarto fresco y frío, esto hará que la náusea desaparezca más rápido.

Sostén los brazos en alto, esto hará que respires mejor; también puedes caminar alrededor de la casa evitando sentarte. Si debes sentarte, hazlo lentamente y no de golpe.

Evita las frutas cítricas y come fruta seca!

Advertencias

La náusea frecuente o prolongada puede ser un síntoma de una amplia gama de condiciones, desde gripe e intoxicación hasta trastornos intestinales y tumores.

"Si sientes náuseas y no hay una razón obvia, deberías ver a un doctor", dice el Dr. Robert M. Stern, profesor de psicología de la Universidad del Estado de Pensilvania, que también es investigador de enfermedades por movimiento y náusea de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio. Si no conoces la razón, tal como malestar por viajar en auto o estar en el mar, deberías ver a un doctor si la náusea no desaparece después de uno o dos días. **De acuerdo al Dr. Stern, también deberías ver a un doctor si la náusea viene acompañada de fiebre, especialmente si eres de la tercera edad.

Si es posible que tu náusea sea por embarazo, evita cualquier consumo de medicamentos, alcohol o algo que pueda dañar al feto

Creado por TranslationAdminFR, Ciccio Veronese, Oscar Avila

Remedios Caseros contra los Orzuelos

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Los orzuelos aparecen de un día para el otro en cercanías al parpado y por debajo de los ojos.

Hombres y mujeres pueden sufrir orzuelos ya que es una infección provocada por una bacteria en la glándula sebácea que se encuentra en el parpado.

Síntomas del orzuelo:

-hinchazón en la zona del ojo
-dolor
-grano enrojecido

Los orzuelos en muchos casos se pueden tratar con remedios naturales y resolver totalmente porque no es una patología grave.

Remedios caseros para combatir los orzuelos:

- Frotar un paño sobre un anillo de oro o elemento de cobre hasta que el mismo suba su temperatura. Luego se aplica el paño sobre el orzuelo. El calor hace que madure y desaparezca luego de unos días el orzuelo. Varias veces al día se realiza este simple procedimiento.





-Preparar un poco de té negro bien caliente y luego mojar un paño en esta infusión para después aplicar en el orzuelo como una compresa. Al menos 3 veces al día se debe repetir. Hay que cambiar el paño para evitar contagio.

-La compresa de té de manzanilla también es muy efectiva para bajar la inflamación y acelerar la curación. Se prepara un té con un saquito de té de manzanilla bien caliente y luego con un paño se aplica sobre los orzuelos.

-Machacar unas hojas de yerba buena y cuando está bien desmenuzada aplicarla en la zona del orzuelo por 5 minutos, después lavar con agua tibia.

Es importante no reventar el orzuelo porque se extenderá la infección al resto del ojo y será más difícil resolver esta afección. 

Si luego de unos días no se mejora o desaparece el orzuelo se debe consultar al oftalmólogo.

Comemos Veneno: “El Cáncer, la Infertilidad y la Diabetes son por la Comida”

“El aumento de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y el cáncer está directamente relacionado con los alimentos que comemos. 

Las hormonas sintéticas presentes en los fertilizantes y pesticidas que entran en contacto con la comida son muy peligrosas para la salud y no suelen detectarse en los análisis toxicológicos, por lo que se invalida el principio de que la ‘dosis hace el veneno’”.

Con esta advertencia a modo de carta de presentación, la galardonada documentalista y periodista Marie-Monique Robin nos introduce en el mundo de la agroindustria, su campo de investigación desde hace más de una década, y sobre el que versa su último ensayo: Las cosechas del futuro. Cómo la agroecología puede alimentar al mundo.

Una obra fruto del análisis comparativo de diversos sistemas de producción alimentaria que, en sintonía con otras anteriores como Nuestro veneno cotidiano y El mundo según Monsanto, cuestiona el mito de que la bajada del precio de los alimentos o de que el fin del hambre en el mundo solo son posibles mediante la producción industrial de alimentos.





La principal novedad que aporta la autora gala con este último libro es que existe una alternativa demostrable, “más sobresaliente de lo que creía antes de iniciar la investigación”, y que se llama agroecología. El cáncer de cerebro y la leucemia están creciendo a un ritmo anual del uno al tres por ciento entre los niños.

La transición de la agroindustria a la agroecología todavía es posible, explica Robin, pero aun existiendo la voluntad política necesaria para propiciar los cambios legislativos que la permitan, “llevará muchos años descontaminar las tierras y las aguas subterráneas hasta poder producir alimentos sanos”.

Es por ello que urge, en primer lugar, limitar el uso de pesticidas y transgénicos. “España es el país más permisivo de la UE con el cultivo de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y la comercialización de otras sustancias tóxicas, como el bisfenol A que en otros lugares como Francia está prohibido”.

Una permisividad, alerta la autora gala, con unas consecuencias más que visibles: “Las parejas españolas son las que más problemas tienen de infertilidad en toda Europa, al afectar a una de cada cuatro”. Al mismo tiempo, los cánceres de cerebro y la leucemia están creciendo a un ritmo anual del uno al tres por ciento entre los niños , que ponen también de relieve el auge del origen fetal de las enfermedades en la edad adulta (presuntamente por el tipo de alimentación de la gestante).

 “La propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ya se está dando cuenta de estas consecuencias y reconociendo las deficiencias del principio toxicológico de que ‘la dosis hace el veneno’ debido a las indetectables hormonas sintéticas, como demuestra la mayoría de literatura científica sobre esta cuestión”, apunta Robin.

El cenit del petróleo lo será también de la comida barata

Tradicionalmente se ha relacionado el bajo coste de los alimentos con los monocultivos, el uso de pesticidas y fertilizantes para reducir las plagas, así como otras técnicas modernas de producción a gran escala. Sin embargo, Robin afirma que “los precios de los alimentos que compramos en el supermercado son completamente falsos porque no incluyen los costes directos ni los indirectos”.

Los gastos derivados del tratamiento de las aguas contaminadas, el pago de las subvenciones (para el gasóleo, para exportar o directamente de la Política Agraria Común de la UE), así como de los sistemas públicos de salud, por el aumento de enfermos crónicos, son algunos de los costes asociados a la agroindustria que no se incluyen el precio de origen.

 “Si sumamos todos estos costes a los productos en origen, su precio subiría y serían más caros que los ecológicos”. Además, añade Robin, más de la mitad del precio está engordado por los intermediarios y finalistas.Tendrán que pasar muchos años para descontaminar las tierras y las aguas subterráneas hasta poder producir alimentos sanos.

Una realidad de la que no estamos muy lejos, según la autora gala, para quien antes o después tendrá que dispararse el precio de la comida, ya sea por el fin de las subvenciones (como se prevé con la PAC), por la creciente especulación bursátil con las materias primas en los mercados de futuro, o por el no menos inminente encarecimiento de los combustibles fósiles como el petróleo y el gas, debido a su cenit.

Los productos químicos utilizados en la agroindustria se elaboran a partir de petróleo y gas, por lo que un aumento en el precio de estos recursos, junto a la escasez de agua, pondría a la agroindustria en la encrucijada.

 “Esta es la gran debilidad de las industrias alimentarias. Se sustentan sobre un modelo que depende de los combustibles fósiles, y está claro que el precio de éstos será cada vez mayor, por lo que el de los alimentos será parejo. No tiene sentido que la alimentación en el mundo dependa de la producción de petróleo en una región tan convulsa como es Oriente Medio”, lamenta Robin.

Alimentos saludables en un mundo sostenible

Las perniciosas consecuencias para la salud y el medio ambiente de la agricultura industrial, así como la crónica de una muerte anunciada que Robin comenzó a describir antes incluso de que se produjesen las primeras crisis alimentarias en Latinoamérica (relacionadas con los biocarburantes) han llevado a la francesa a recorrerse el mundo en busca dealternativas ecológicas.

Después de estudiar diferentes técnicas agroecológicas pudo comprobar que su rendimiento puede ser mayor que con técnicas propias de la agroindustria.La gran debilidad de la agroindustria es que se sustenta sobre un modelo dependiente de los combustibles fósiles

“Muchas veces, cuando hablamos de agroecología pensamos que se trata de volver a las técnicas empleadas por nuestros abuelos. No es así, se trata de prácticas mucho más complejas que dependerán de la zona geográfica donde se desarrollen, del tipo de cultivo o del tipo de tierra”, explica la autora. Sin embargo, Robin sí pudo comprobar que todos ellos coincidían en un principio básico: la complementariedad.

“Se trata de un principio común mediante el que se busca complementar la biodiversidad del medio, mediante rotación de cultivos o interfiriendo en los ciclos biológicos de los insectos, para prevenir plagas y aumentar la producción”.





La demanda de productos ecológicos por parte de los consumidores ha aumentado proporcionalmente al deterioro de la cadena alimentaria, “pero la oferta todavía no llega para abastecerlos a todos”, apunta Robin. Para hacerla extensiva a todo el mundo no llega con la concienciación del consumidor, que al fin y al cabo es el que más poder detenta con sus decisiones de compra, sino que se necesitan medidas políticas concretas.

Entre las propuestas más urgentes para facilitar el cambio, la periodista cita “la prohibición de la especulación con alimentos, el fomento de la soberanía alimentaria mediante una férrea protección de los mercados y agricultores locales, y el acortamiento de las cadenas de distribución buscando conexiones directas entre consumidores y productores”. Solo mediante la eliminación de los intermediarios y finalistas, explica la francesa, el precio de los alimentos orgánicos se reduciría hasta en un 90%”.

Las bases para posibilitar un cambio de modelo están puestas “desde hace muchos años”, pero de no iniciarse una pronta transición, advierte Robin, “no podremos anticiparnos a las crisis alimentarias que resurgirán en cualquier momento”.

¿Por qué Sana la Dieta Macrobiótica?

Resultado de imagen de dieta MacrobióticaHoy en día, comemos y consumimos carne, harinas blancas, azúcares y lácteos, todos ellos hormonados, precocinados, procesados y envasados en grandes instalaciones industriales, repletos de fertilizantes y desprovistos de los nutrientes que pudieran tener en un origen.

La mayoría de nosotros creemos que la macrobiótica es una forma extrema de alimentación basada en comer cereales, granos y más cereales. Antes de que esta forma de alimentación entrara de lleno en mi vida a través de una amiga que había asistido a un taller de cocina macrobiótica, pensaba que sus principios eran mucho más radicales que los de los veganos, por ejemplo.

Sin embargo, cuando me sentí preparada para abrir mi mente a otra filosofía de vida, las certezas eran tantas y tenían tanta fuerza que unas pocas semanas bastaron para que decidiera cambiar de alimentación y seguir los consejos de un médico macrobiótico.

No es un cambio fácil. Supone entender la alimentación de una forma mucho más consciente que la que nos rodea en esta época que nos ha tocado vivir. 

La alimentación tradicional (hace apenas treinta años) estaba basada en cereales, legumbres y verduras obtenidas de la huerta, cambiaba según los ciclos estacionales y, sobre todas las cosas, estaba cocinada en casa.





Hoy en día, comemos –o, mejor dicho, simplemente consumimos– carne, harinas blancas, azúcares y lácteos, todos ellos hormonados, precocinados, procesados y envasados en grandes instalaciones industriales, repletos de fertilizantes y desprovistos de los nutrientes que pudieran tener en un origen.

Esto incluye las bebidas que ingerimos: agua con azúcar de sabores obtenidos por medios químicos, lácteos procedentes de vacas estresadas que producen leche gracias a la inyección de hormonas o bebidas gaseosas con otros tantos compuestos artificiales.

¿Estamos seguros de que nuestros cuerpos –y nuestra mente, compuesta igualmente por células que necesitan nutrirse– están preparados para clasificar, depurar, asimilar y desechar semejante atracón de productos químicos?

Solo llevamos treinta años de contaminación alimenticia y ya hemos empezado a observar sus efectos: los niños de los últimos años presentan más alergias alimentarias que nunca antes en la historia de la humanidad, sin contar a los adultos. Intolerancia al gluten, a la glucosa, a la leche o a los lácteos, a las harinas refinadas, etc.

La mayoría de las personas, no obstante, presenta alergias leves y no las identifica como tales, por lo que se habitúa a ellas, considerándolas un mal menor que no puede evitar.

Nuestro concepto de salud ha variado considerablemente en los últimos años y ahora creemos que es «normal» que los niños tengan mocos permanentemente y se enfermen todos los inviernos. Pensamos que a partir de los cuarenta estamos sanos si no tenemos cáncer o alguna enfermedad devastadora similar.

La acidez estomacal continua, la pesadez tras las comidas, el moquillo permanente, la pérdida de la visión, la resonancia nasal de nuestras voces, las urticarias repentinas, los dolores articulares y el estreñinimiento, entre otros muchos «males menores», han venido para quedarse.

Nos contentamos resignados con hacerles un hueco en nuestros cuerpos mientras tratamos de acallarlos con fármacos que no solucionan nada. Por no hablar de nuestra irritabilidad, desgana, impaciencia, estallidos de violencia o malestar general que achacamos al ritmo de la vida actual.


Actuamos como si no fuéramos dueños de nuestros propios cuerpos, como si lo que pasara «ahí dentro» no tuviera que ver con nosotros. Cruzamos los dedos para no sufrir una enfermedad «mayor» mientras seguimos ingiriendo sustancias nocivas que nos dejan satisfechos durante apenas unos minutos.

¿Realmente tiene que ser así?

Si tuviera que definir la macrobiótica en dos palabras, diría que es una «alimentación consciente». No hay ningún alimento prohibido; se trata solamente de ser consciente de lo que conlleva comer, de saber qué efecto provoca cada alimento en tu cuerpo y de que te hagas cargo de lo que le pasa, que es en definitiva lo que te pasa a ti.

Si enfermas, es porque no lo estás cuidando. Más aun, si no tienes una sensación profunda de bienestar tanto a nivel físico como mental (me atrevo a añadir a nivel espiritual), no estás sano.

Esta es una de las grandes diferencias entre el concepto de salud por el que aboga la macrobiótica y el de la «salud enferma» que nuestra sociedad ha aceptado como irremediable.

La salud es sentirse pleno, con buen ánimo en cada circunstancia de la vida, centrado y motivado para iniciar cada día y afrontar cada obstáculo con la gran reserva de energía que nuestro organismo almacena cuando no tiene que dedicarla por completo a depurar sustancias tóxicas. Desde este punto de vista, la mayoría de nosotros estamos enfermos.

Pero la enfermedad siempre es un reto, un camino de aprendizaje, un mapa que nos puede guiar a un tesoro mágico si nos tomamos el tiempo y el esfuerzo de aprender a leerlo.

La macrobiótica es un camino arduo, no por lo que implica, sino porque es contracorriente.

Pero, por sí misma, dejando de lado las críticas y las voces ajenas, es un camino de regeneración y bienestar desde el primer momento. Comer alimentos ecológicos desprovistos de químicos y sustancias artificiales es en sí mismo un placer de los sentidos.

Alimentarse de granos integrales que acumulan todo su potencial nutritivo y de verduras de temporada, acordes con el clima en el que vivimos, limpia el organismo y nos centra como individuos.

Al nutrirnos de esta manera, las células de nuestro cuerpo pueden realizar su trabajo de clasificación, asimilación y eliminación sin tener que pelearse con cientos de sustancias tóxicas.

El resultado es que podrán dedicar su energía –la nuestra– al resto de las tareas que desempeñamos cada día: concentrarnos en nuestro trabajo, materializar nuestros objetivos, disfrutar de nuestros seres queridos, etc,

No es una teoría descabellada. Se apoya en una pirámide nutricional recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) muy distinta a la que estamos acostumbrados.

La leche de vaca contiene mucho calcio, es cierto, pero no es fácilmente asimilable por los seres humanos, por lo que no nos aporta lo que la propaganda promete.

La carne –según la OMS repito– es prescindible de la dieta, pues la combinación de cereales y legumbres en la misma comida aporta más cantidad de proteína que cualquier filete.

Aun recuerdo el arroz con garbanzos que me dieron de comer de adolescente tras un día entero de vendimia: ese plato contiene toda la proteína necesaria y es mucho más barato. Pero, sigo citando a la OMS, quien quiera comer carne que lo haga, sin abusar; en todo caso, menos del 10% del total de nuestra alimentación diaria.

Se puede ser macrobiótico y comer carne, siempre que sea ecológica.
Pero hay que saber acompañarla con otros alimentos para neutralizar los efectos adversos.

De hecho, esta es una de las siete dietas recomendadas por el fundador de este tipo de alimentación: Georges Ohsawa.

Las otras seis presentan los alimentos en distintas proporciones y son más o menos estrictas según el estado de salud de cada persona. No podemos seguir menospreciando la importancia de la comida en nuestro organismo.

La mayoría de la gente piensa que es un lujo comprar comida ecológica, pero está dispuesta a pagar una buena cantidad de dinero en adquirir un televisor último modelo. ¿Cuáles son nuestras prioridades? Personalmente, cuando se trata de comida sana, no miro el precio. Estoy comprando lo que luego se convertirá en mi piel, mi pelo, las células de mi sangre, los tejidos de mi cuerpo,… no, por supuesto que no escatimo en gastos.

De las siete dietas recomendadas, la más estricta está destinada sólo y exclusivamente, y siempre bajo la supervisión de un profesional, a personas gravemente enfermas que necesitan mejorar rápidamente.

No es cierto que los macrobióticos solo coman granos; de hecho, comen más variado que una persona «normal». ¿Qué comes tú a lo largo de la semana? Probablemente, pasta con tomate, arroz, filete con patatas y alguna ensalada, casi siempre la misma fruta y casi siempre la misma verdura, independientemente de la estación del año.

La dieta de un macrobiótico varía constantemente, según los productos que ofrezca la tierra en cada momento. Se beneficia de toda la diversidad que la naturaleza ofrece en cada momento y no se limita solo a verduras y frutas. En un herbolario se puede encontrar una variedad importante de legumbres y cereales de los que nunca antes habíamos oído hablar.

Hay proteína vegetal (tofu, seitán y tempe) que se puede cocinar en la sartén, en un estofado o en un guiso como si fuera un pedazo de carne. Hay algas, las grandes remineralizantes del organismo, muy disponibles en un país como el nuestro rodeado de agua por casi todos los costados.





Tenemos semillas, frutos secos, dulces naturales, etc. ¿Alguna vez has querido cenar un trozo de tarta sin sentirte culpable y sin sufrir de pesadez después? Prepara una tarta macrobiótica y cena un postre rico y sano.

¿Te ha picado ya la curiosidad?

ncluyo a continuación unos cuantos enlaces con recetas saludables que te harán sentir mejor a corto plazo y más feliz a largo plazo. Pruébalo, no tienes nada que perder: tan solo busca la receta que más te haya hecho salivar, enciende el fuego, pon música y canta a voz en grito mientras descubres el placer de preparar tu propia comida.


Carmen Hurtado González
Filósofa y traductora

MAS INFO: 

Meditación: la Reconquista de la Mente

La meditación, entre otras cosas, nos puede ayudar a evitar escenas como esta, que aunque exagerada, podría ser real.

Luego de la entrevista realizada al científico austriaco Dieter Broers, en la que sostiene que la meditación puede prepararnos para aprovechar mejor los efectos de lostormentas solares, decidí escribir una pequeña, práctica y espero efectiva guía para aprender a meditar.

Al margen de las tormentas solares, la meditación es ahora más necesaria que nunca. La anómala velocidad relámpago a la que nos tiene acostumbrados la sociedad en la que vivimos (como consecuencia de los ipads, laptops, iphones, androids y demás gadgets que nos tienen permanente conectados virtualmente con el resto del mundo) ha hecho que nuestros desgastados cerebros se empeñen en realizar tres o cuatro actividades en simultáneo sin tener la necesidad de hacerlo.

Como consecuencia, muchos de nosotros nos convertimos en víctimas del stress por daño colateral.

Vivimos apurados sin saber por qué.





Meditación vs La estúpida carrera contra el tiempo

Algunas personas tienen trabajos o actividades que realmente producen stress, pero la mayoría de nosotros realizamos actividades que no deberían producir tanto stress; sin embargo, tarde o temprano, caemos en el stress por consecuencia. Si todo va tan rápido, yo debo ir más rápido.

Sin ninguna razón válida, empezamos a tratar de hacer todo más rápido, en una inútil carrera contra el reloj, una carrera en la que no tenemos ninguna posibilidad de ganar.

Este miserable síndrome empieza manifestándose en actividades relacionadas con el trabajo, y si no lo controlamos puede expandirse hasta actividades tan placenteras y naturales como una conversación de sobremesa.

Un grupo de niños aprendiendo meditación. (Foto por kidztimez.com)

Muchas veces me ha sucedido que estoy en una mesa conversando con un grupo de amigos después de la cena y hay una o dos personas que, evidentemente, están mas preocupadas por lo que tienen que hacer después que por lo que se está conversando o departiendo en la mesa.

Bueno, la meditación, entre muchos otros beneficios que revisaremos más adelante, ayuda a evitar ese problema de la velocidad relámpago gratuita que tanto daño nos está haciendo.
¿Qué es la meditación?

La meditación no es una doctrina espiritual, no es una religión y no tiene que ver con el ascetismo. Aunque la meditación esta relacionada con la filosofía budista, no está atada a ninguna practica religiosa. La meditación es una forma de entrenar la mente para aprender a concentrarse mejor.

¿Aprender a concentrarse?

Por si no se han dado cuenta, nuestra mente nos tiene, segundo a segundo, rebotando de un pensamiento a otro sin ningún control y nuestras emociones y reacciones físicas son una consecuencia de este proceso.

Por ejemplo, caminando por la calle vemos a un avión pasar y pensamos que queremos viajar, luego recordamos a esa persona que se fue, luego pensamos en el primer día que nuestro padre nos llevó al aeropuerto, luego recordamos que tenemos que llamar a ese proveedor que está retrasado en la entrega, luego pensamos que tenemos que entregar ese trabajo para poder cobrar, luego llega la imagen de la cuenta del teléfono que aún está sin pagar, me podría detener en el bar de la esquina por una cervecita…todo en segundos. Nuestra mente no sabe estar quieta y nos presenta toneladas de opciones a cada segundo.

La cadena puede ser interminable y será de diferente variedad y magnitud para cada uno de nosotros.


La meditación puede reducir el estrés y ayudarnos a controlar mejor nuestras emociones.

Una montaña rusa emocional

Emocionalmente, somos afectados por ese tren de pensamientos porque, dependiendo del pensamiento que pase por nuestra mente, entraremos en momentáneos estados de tristeza, alegría o agresividad.

Estos cambios emocionales y de ánimo no son positivos y son una consecuencia directa del escaso control que tenemos sobre nuestra mente.

Por eso, hay que ser sinceros y empezar reconociendo que somos esclavos de nuestra mente, que la mayoría de nosotros no la controlamos.

La meditación es, de alguna manera, la reconquista de nuestra mente, ser capaces de controlar esa cadena de pensamientos y concentrar nuestra mente en una sola idea.

¿Se han dado cuenta de que, en algunas oportunidades, cuando empiezan a realizar una actividad que les demanda un esfuerzo significativo, su mente no presenta tantas distracciones?

La naturaleza puede ser uno de los mejores lugares para practicar la meditación. (Foto por socialwebdaily.com)

No me puedo concentrar

¿Han escuchado las frases?: “es que no puedo concentrarme” o “si no es difícil no me concentro”





“Me cuesta concentrarme” es igual a “mi mente me presenta tantas opciones, y algunas tan atractivas y urgentes, que no puedo dejar de pensar en ellas y dedicarme exclusivamente a lo que tengo que hacer”

“Si no es difícil no me concentro” es igual a “si tengo que hacer algo fácil mi mente divagará tanto que no podré concentrarme, pero si tengo que hacer algo difícil, necesitaré de toda mi atención para poder realizarlo y por eso podré concentrarme más fácilmente”.

Lo triste del asunto, es que cuando decimos esas frases ni siquiera somos conscientes de las verdaderas razones detrás de nuestras palabras.

El proceso de practicar la meditación nos hará consientes de qué tan lejos y qué tan rápidamente puede divagar nuestra mente y distraerse de lo que supuestamente debería estar haciendo en un momento determinado. En una época de multitareas cerebrales, de calendarios de trabajo abrumadores y de millones de distracciones al alcance de la mano gracias al internet, solo lo anterior debería ser necesario para que todos empecemos a meditar.

La meditación puede ayudarnos a mejorar nuestra capacidad de concentración.

Beneficios de la meditación

Al margen de mejorar nuestro estado de ánimo, de volvernos más conscientes de lo que nos rodea, de reducir nuestro nivel de estrés, de mejorar nuestra memoria y de devolvernos la habilidad de controlar nuestras emociones, la meditación también hace que nuestros cerebros procesen información más rápidamente.

Todos hemos visto esos pequeños pliegues que le dan al cerebro su apariencia característica. Varios estudios científicos han determinado que mientras más “pliegues” tenga un cerebro, este será capaz de procesar información más rápidamente.

Eso no es todo, un estudio realizado por la Universidad de California, determinó que quienes practicaban la meditación por varios años tenían la corteza cerebral mucho más poblada de esos “pliegues”. Es decir, procesaban información mas rápidamente.

En la Universidad de Kentucky se realizó un experimento con diez personas para medir la velocidad de reacción del cerebro. Los sujetos tenían que mirar fijamente una pantalla y apretar un botón cuando aparecía una imagen en la pantalla.

En el experimento se descubrió que la única actividad que podía hacer que los sujetos del experimento mejoraran el tiempo de reacción entre la aparición de la imagen y la acción de apretar el botón, era una sesión previa de 40 minutos de meditación.

Sigamos con la base científica detrás de la meditación.

Según algunos estudios, la meditación también afecta la corteza cerebral. En el Hospital General de Massachusetts en Boston, Sara Lazar y su equipo han estudiado quince meditadores y quince no meditadores.

Según algunos estudios, los cerebros de las personas que llevan años practicando la meditación tienen más pliegues y procesan información más rápidamente. (Ilustración por Wayne State University)

En el estudio, los científicos encontraron que la meditación incrementa el grosor de la corteza cerebral involucrada en el procesamiento de la atención y de los sentidos.

Este hallazgo ha sido confirmado por otros estudios que muestran que los músicos, atletas y lingüistas profesionales una parte de la corteza cerebral más gruesa que el resto.
¿Qué se necesita para meditar?

No necesitamos más que la voluntad de mejorar nuestra capacidad de concentración y de calmar el vértigo de nuestras vidas, unos minutos de nuestro tiempo y un lugar tranquilo.

Aunque algunas personas aconsejan utilizar música o sonidos, estos pueden ser factores de distracción para quienes recién comienzan en esta actividad. Al menos, por los primeros cinco meses, no deberíamos utilizar ningún tipo de sonidos.

Para aquellos que no somos expertos en meditación, encontrar un lugar silencioso que nos permita aislarnos de cualquier estímulo sensorial es fundamental. Cuando hayamos elevado nuestra capacidad de concentración nos será más fácil meditar en lugares menos tranquilos, o con mayor actividad. Pero, en un inicio, debemos tratar de encontrar un lugar en el que podamos estar solos y sin ruidos por algunos minutos.

La meditación se puede practicar en interiores o en exteriores. Lo importante es encontrar un espacio en el que podamos estar tranquilos.

Existen dos requisitos fundamentales para empezar a meditar:

No tener expectativas inmediatas. No imaginemos que disfrutaremos de los beneficios de la meditación en el segundo intento. No esperemos ver resultados en la primera semana.

Es el mismo proceso que sucede cuando ejercitamos nuestro cuerpo. Aquellos que hacen algún tipo de ejercicio físico saben que necesitan al menos dos o tres meses de ejercicio disciplinado para ver los primeros resultados.

Separar, al menos, quince o veinte minutos de nuestro tiempo cada día para meditar. Sean disciplinados con esos quince o veinte minutos. La mejores horas para empezar a meditar son cuando recién nos levantamos, antes de empezar nuestro día, o antes de dormir porque a esas horas tenemos menos asuntos pendientes en nuestra mente.

En todo caso, cada uno debe ser capaz de saber a qué hora su mente está más tranquila: si al inicio o al final del día. Luego, cuando hayamos desarrollado nuestra capacidad de concentración podremos incorporar una meditación al mediodía para quebrar la rutina laboral. 

Si decidimos que meditaremos de 7:30 am a 7:45 am tenemos que ser disciplinados y hacerlo cada día a la misma hora. Si empezamos a poner excusas, nunca lo haremos o meditaremos esperando que acaben los quince minutos para hacer otra cosa.

Tenemos que pensar que son quince minutos de nuestro tiempo que nos estamos regalando a nosotros mismos, y que están exentos de cualquier tipo de presión.

Por eso es importante que cada uno escoja el horario en el que pueda realmente olvidarse de todo y relajarse. Son quince minutos, no puede ser tan difícil.

La meditación se puede practicar en cualquier momento del día. Sin embargo, cuando uno comienza a practicarla es recomendable ser disciplinado y meditar, al menos, quince minutos por dia a la misma hora.

¿Cómo se medita?

Yo aprendí a meditar cuando tenía diecisiete años. Por ese entonces, estudiaba filosofía hindú y la meditación era parte obligatoria de cada clase. Luego la he practicado, de manera intermitente, durante varias épocas de mi vida y debo reconocer que siempre me ha ayudado a encontrar un equilibrio.

Una vez en el lugar que hemos escogido, nos aseguramos de que nadie nos vaya a interrumpir. Ponemos todos los aparatos que nos piden atención cada minuto (celular, Ipad, Blackberry, android, etc) en silencio o en vibrador lejos de nosotros para que incluso el sonido de su vibración sea imperceptible.

Algunas personas recomiendan poner una alarma programada para que suene al final de los quince o veinte minutos de meditación. Esto depende de cada uno. A mi me parece que los principiantes deberían ver a la que hora en la que comienzan a meditar, dejarse llevar durante la meditación, y luego observar a que hora terminaron la sesión.



Tres posturas de meditación recomendadas para principiantes. De izquierda a derecha, la posición Seiza, la media flor de loto y la Burmesa. (Fotos por Zen Mountain Monastery)





La posición

Adoptaremos una posición cómoda que nos permita estar sin movernos por unos minutos. Sobre este detalle en particular, cada uno debe decidir como se siente más cómodo. Algunas personas prefieren sentarse en una posición de media flor de loto (foto de arriba), otros prefieren la posición Burmesa (foto de arriba), otros la flor de loto completa(foto de arriba) algunos se sientan en una silla (foto de abajo) y otros se echan sobre una plataforma de ejercicios o en un sofá. Ninguna posición es mejor que otra.

Sin embargo, para quienes recién empiecen a meditar no es recomendable ninguna posición horizontal pues hay muchas posibilidades de quedarse dormidos.

La posiciones más recomendadas para principiantes son: la posición de media flor de loto, la de Seiza o la de la silla. En todas estas posiciones debemos tratar de mantener una postura en la que nuestra espalda se mantenga recta, como podemos apreciar en la foto anterior y en la siguiente. Para escoger entre estas tres posturas debemos tomar en cuenta nuestro nivel de elasticidad. La posición de Seiza y la de media flor de loto requieren cierto nivel de elasticidad.

Tambien se puede meditar sentado en una silla manteniendo la espalda recta. (Foto por Zen Mountain Monastery)

Si revisan detalladamente varias de las fotos de este articulo verán que las manos de las personas que estan meditando tienen dos posiciones particulares:

Cada mano reposa sobre una rodilla. Los pulgares de cada mano tocan levemente la punta del dedo índice. (foto de abajo, izquierda) Algunas personas prefieren que el pulgar de cada mano toque el dedo anular en lugar del índice.

Las dos manos se unen en el centro. Las manos se juntan, una encima de la otra, y se apoyan en nuestro cuerpo a la altura del ombligo con las palmas hacia arriba. La mano derecha se coloca debajo de la mano izquierda. (Aquellos que son zurdos deben colocar la mano izquierda abajo) Los pulgares de ambas manos se tocan levemente. (foto de abajo, derecha)

Ambas posiciones de las manos son, entre otras cosas, un mecanismo de alarma para evitar que nos quedemos dormidos meditando. Si empezamos a relajarnos demasiado nuestros pulgares reaccionarán apretando con fuerza y eso nos despertará. Es importante escoger una posición en la que podamos permanecer, cómodamente, varios minutos sin movernos.

Recordemos que en un inicio meditaremos quince o veinte minutos pero a medida que vayamos sintiendo los beneficios, podríamos llegar a tener sesiones de más de 40 minutos. Debemos tratar de mantener nuestros hombros relajados .

Dos de las diferentes posiciones en las que deben permanecer las manos mientras meditamos.

Respiración: primer nivel

Luego de ponernos en la posición escogida, nos calmamos, cerramos los ojos y empezamos a concentrarnos únicamente en nuestra respiración. Al inicio, respiren normalmente, sintiendo cómo el aire entra y sale de nuestros pulmones. Poco a poco reduciremos la intensidad de nuestra respiración hasta que sea muy calmada y regular, con largas y profundas inhalaciones de aire.

Mientras inhalan cuenten mentalmente uno, cuando exhalan cuenten dos. Inhalen, cuenten tres. Exhalen, cuenten cuatro. Continúen hasta llegar a diez y luego empiecen de nuevo desde uno. Nos concentramos en nuestra respiración y dejamos que todos los pensamientos que llegan a nuestra mente pasen de largo. Escuchamos nuestra respiración, la sentimos e imaginamos el recorrido que sigue ese flujo de aire.

Lo más probable es que nuestra mente, de la que hemos sido esclavos toda nuestra vida, no se deje vencer tan fácilmente y trate de distraernos.

Llegarán pensamientos como: “me olvidé de enviar ese mail, ¿a qué hora me iban a llamar?, debería avisarle que no llegaré a tiempo…”

Si nuestra mente empieza a divagar, si nos damos cuenta de que empiezan a aparecer pensamientos que tratan de distraernos, debemos observar al pensamiento, reconocerlo, deliberadamente dejarlo ir y volver a empezar la cuenta desde uno.

La naturaleza es uno de los mejores lugares para meditar. Podemos intentar meditar al aire libre una vez a la semana.

La cuenta es un mecanismo para que sepan cuántas veces respiraron sin que su mente se distrajera.

Cada respiración sin que su mente se distraiga es un pequeño triunfo que les permite recuperar la habilidad de poner a su mente donde quieran por el tiempo que deseen.

Respiración: segundo nivel

Una vez que hayamos logrado dominar esta técnica, es decir, llegar a contar hasta diez sin esfuerzo y sin distraernos en otros pensamientos, y haber sido capaces de repetir el logro en varias sesiones, entonces es tiempo de pasar al segundo nivel. El proceso de dominar esta técnica puede tomar meses. Lo importante es no apurarse en alcanzar ninguna meta y meditar todos los días a la misma hora.

En el segundo nivel, repetiremos el mismo proceso para meditar del primer nivel con la diferencia de que para contar uno necesitaremos realizar el proceso completo de inhalación y exhalación. Inhalamos y exhalamos, contamos uno. Inhalamos y exhalamos, contamos dos. Continuamos hasta diez y empezamos de nuevo desde uno. Si aparecen pensamientos tratando de distraernos, repetimos el proceso descrito líneas arriba: observamos el pensamiento, lo reconocemos, deliberadamente lo dejamos ir y volvemos a empezar la cuenta desde uno.

De esta manera, hemos distanciado el proceso de verificación del nivel de concentración de nuestra mente. Al inicio, verificábamos en cada inhalación y en cada exhalación, en el segundo nivel verificamos en cada ciclo completo de respiración.

Debemos repetir este proceso hasta dominarlo completamente. Cuando hayamos logrado contar hasta diez varias veces, sin distracciones, y hayamos logrado repetir el logro en varias sesiones, es momento de pasar al tercer nivel.

Escuchar nuestra respiración es una de las formas más simples de concentrarse.

Respiración: tercer nivel

El tercer nivel consiste en realizar lo mismo que en los dos niveles anteriores pero sin contar. Si hemos llegado a este nivel, de manera consistente y disciplinada, no necesitaremos verificar si nuestra mente está concentrada en la respiración.

A estas alturas de nuestro desarrollo debemos tratar de dejarnos llevar por el ritmo de nuestra respiración, ser uno con la respiración. Llegar a este nivel no es fácil y puede tomar meses.

Durante todo este proceso de trabajo con la respiración, los pensamientos que nos atacan son, en su mayoría, ruido o pensamientos aleatorios. Sin embargo, cuando estamos en medio de una crisis o estamos pasando por un momento importante en nuestras vidas, puede suceder que el que pensamiento se vaya y regrese.





Que lo dejen ir, y vuelva a aparecer. Lo vuelven a dejar pasar y vuelve a regresar. Si esto sucede no lo asuman como un fracaso, piensen que tenía que suceder y que es otra forma de practicar. No supriman el pensamiento, dejen que el pensamiento tome forma, que siga su recorrido natural, déjenlo hacer lo que tenga que hacer, dejen que se quede exhausto. Luego, déjenlo ir. Regresen a la respiración, comenzando desde uno.

Si no se han dado cuenta, ya están meditando. En los dos primeros niveles han meditado ayudados por el conteo de las respiraciones. En el tercer nivel han meditado sin ninguna ayuda. Eso es meditar, lograr concentrar nuestra mente en una sola idea, objeto, palabra, sonido, etc.

Para obtener mejores resultados, la práctica de la meditación debe ser disciplinada y constante.

Lo que hemos venido haciendo es concentrar nuestra mente en nuestra respiración. De alguna manera, hemos meditado sobre nuestra respiración.

Espero que el artículo los anime a empezar a meditar, a compartir sus experiencias y a desempolvar el aburrido concepto que muchas personas tienen de la meditación.

Esta entrega es sólo una breve introducción al mundo de la meditación en la que Los Divulgadores hemos escogido una de las técnicas más efectivas y simples. Existen muchas otras técnicas sobre la postura del cuerpo, la postura de los dedos y la forma de concentrarnos en la respiración. . Si deciden empezar a meditar, dependerá de ustedes investigar y experimentar nuevas técnicas.

En la segunda entrega, revisaremos cómo meditar sobre un objeto, una idea, o un sonido, y cómo realizar meditaciones específicas para lograr resultados específicos.

por Alan Brain

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